Editorial

Gobierno se hace de la vista larga ante el peligro………..

 

No obstante nuestras observaciones para que las agencias pertinentes asuman responsabilidad en un asunto tan delicado, a ninguna autoridad parece interesarle la seguridad de los miles de ciudadanos que acuden diariamente a establecimientos comerciales donde la protección del cliente no es asunto prioritario. En repetidas oportunidades hemos observado como en negocios que se dedican a las ventas al por mayor  y al detal, se movilizan enormes estibas de mercancía con los llamados «fingers» sin tomar en cuenta a las personas que hacen compras en carritos pequeños y en pésimo estado.

Hacemos una invitación al Secretario del  Departamento de Asuntos al Consumidor, Bomberos y otras agencias responsables de velar por la protección del pueblo para que ejerzan una mayor fiscalización en esos negocios donde el movimiento de mercancías se hace sin el debido respeto por la vida y seguridad de clientes, y de los mismos empleados.

¿ Y qué opina usted, señor secretario del DACO, de aquellas tiendas donde ubican artículos pesados en góndolas de metal de hasta 30 pies de alto, las que pudieran constituirse en grave riesgo de lesiones o muerte en caso de un terremoto?

Pero, obviamente, el interés económico está por encima de unas cuantas vidas que pudieran troncharse a  causa de tanta negligencia. Es nuestra sugerencia respetuosa, que en  todo aquel establecimiento comercial donde se coloque mercancía a gran altura, haya una zona de protección y de escape de emergencia, cosa que no existe en este momento.

De la misma forma que en los comercios del país se concede mucha importancia a prevenir  al hurto de mercancía, lo que no objetamos, es importante proteger la vida de aquellos que hacen posible que esos negocios generen empleos y riqueza.

Por favor, no esperemos a que ocurra una situación catastrófica en la isla y que las tiendas estén atestadas de público, para entonces comenzar a inventar excusas. En La Calle Digital, queremos  lo  mejor para nuestra gente, pero hay que prepararse para enfrentar el peor escenario.

Una buena manera de acabar con la tradición navideña

 

Aunque la alcaldesa de  Cabo Rojo  intenta rebatir las críticas alegando que solo se trata  del  fiel cumplimiento de una ordenanza municipal que regula tales actividades, vecinos y comerciantes de ese municipio dicen estar molestos porque las autoridades municipales pretenden que la tradición navideña vaya desapareciendo ante las presiones que se ejerce contra los organizadores de parrandas en lugares públicos y privados.

Una dueña de negocios en Cabo Rojo, alegó haber apercibida por la Policía Municipal a proveerse de los debidos permisos antes de celebrar cualquier trulla o evento artístico en el establecimiento. A opinión de juristas entrevistados por La Calle Digital, esto podría constituirse en una violación al derecho de libertad de expresión y a la potestad que tienen los ciudadanos de llevar a cabo actividades lícitas.

Aparentemente, en el municipio de Cabo Rojo las autoridades locales quieren estar tanto de dónde y quién lleva a cabo eventos artísticos y parrandas que conllevan el pago de algún permiso o patente.

Si bien es cierto que la ciudadanía tiene derecho al descanso luego de determinadas horas de la noche, para ello sigue vigente una ley contra la alteración a la paz y desórdenes en la vía pública. No es matando una tradición del pueblo puertorriqueño que se logra vivir en paz y  hermandad vecinal.

Muy malo..cuando un funcionario público abusa del poder

 

Intentar amedrentar a un ciudadano para obligarle a pagar algún compromiso económico con el estado, es tan deplorable como las actuaciones de aquel funcionario corrupto acostumbrado a lograr lo que desea a fuerza de presionar la entrega de dinero para lucro personal. Ambos lados de la moneda son igual de censurables y deben ser castigados por las leyes. Ser empleado del gobierno responsable de gestionar el cobro de deudas fiscales, es un asunto tan delicado como llevar una copa de cristal sobre la cabeza en medio del tráfico.

Con sus contadas excepciones, Puerto Rico es uno de los lugares del mundo donde los funcionarios y empleados de Hacienda gozan de una bien ganada reputación de honestidad. Sin embargo, hay algunos empleados de agencias encargadas de tramitar el cobro de diferentes servicios y contribuciones que han adoptado el papel de «dioses del Olimpo».

Han llegado a creer que la palabra destemplada, las amenazas de acudir a los tribunales y una actitud arrogante son requisitos indispensables para llevar a cabo ese tipo de tarea. Nada más lejos de la realidad. Uno puede ser un excelente cobrador de impuestos sin recurrir a poner en tela de juicio el buen nombre de la persona a quien acude a visitar en su oficina o negocio.

Se dan casos de funcionarios gubernamentales que se presentan a los lugares portando armas de fuego y queriendo ostentar la misma autoridad de la Policía o el  FBI. No sé cuando, ni quién los invistió con el poder de tratar a las personas como vulgares delincuentes. Entendemos que las agencias pertinentes deben orientar a sus empleados fiscalizadores sobre el rol que deben desempeñar cuando van  a la calle. Es muy malo, que un funcionario público abuse del poder conferido, cuando el ciudadano a quien maltrata contribuye al salario que ese funcionario recibe.

En diciembre y nunca: esa debe ser la consigna de todos

 

Aunque vemos con simpatías la iniciativa de la Asociación de Periodistas de Puerto Rico para que celebremos una Navidad tranquila y libre de asesinatos, la consigna del pueblo no debe limitarse a estos próximos 31 días. «En diciembre ni nunca», ese tiene que ser compromiso de una sociedad agobiada por la cifra de crimenes más alta en la historia del país.

Le corresponde a los medios de comunicación, de manera especial a la televisión, llevar a cabo campañas cívicas que enfaticen en la importancia de los valores y buenas costumbres que no se aprenden en las escuelas. De qué vale que los trabajadores de la Prensa se unan con el fin de despertar conciencia pública en cuanto a la ola criminal que nos arropa, mientras en algunos de canales de televisión se están presentando programas que «glorifican» la violencia, el sexo y la falta de respeto a nuestros adultos mayores.

Incluso, las novelas de mayor «rating» son aquellas de corte sexista donde la trama gira alrededor de los capos del narcotráfico, el irrespeto a la mujer y la explotación de la figura femenina como objeto sexual. El llamado tiene que ser a los propietarios de los medios de comunicación para que aporten de forma positiva a que  tengamos un mejor Puerto Rico, libre de asesinatos.

Es loable el proyecto iniciado por los  colegas de la prensa activa quienes piden un alto durante el mes de diciembre en la guerra que los enemigos de la sociedad tienen desatada con todos, sin importar cuántas vidas inocentes tronchan a diario. «En diciembre ni nunca, esa tiene que ser la promesa de todos».

¿ Qué nos pasa Puerto Rico, donde están las prioridades?

 

Si bien la gente tiene el derecho de invertir su dinero de la forma y manera que lo estime conveniente, también es cierto que ninguna persona con dos dedos de frente gasta todos los recursos en cosas superfluas, mientras desatiende asuntos tan importantes como pagar la hipoteca, luz, agua y otras utilidades. Es un hecho comprobado, que el llamado «viernes negro» es la gota que derramó el vaso en el consumismo desenfrenado que impera en nuestra isla. Hay quienes se quejan de que les  falta dinero para hacer una buena compra, sin recurrir a los sellos de alimentos, pero rompen la alcancía de los nenes para adquirir el  plasma más costoso, a expensas de poner en juego su salud y alimentación.

Escuchamos a un colega periodista conversar con una señora que salía de un centro comercial luego de invertir hasta el último centavo del bono de navidad que le envió el gobierno. La dama dijo que la plata se le fue en comprar dos celulares y  varias computadoras portátiles. Acto seguido el reportero le inquirió sobre otros asuntos pendientes como las facturas de agua y luz.

» Pues mire, eso no me preocupa, la última cuenta la paga el diablo y el  que venga atrás que arree», ripostó la doña, ejemplarizando, la poca importancia que se le concede a las prioridades.  Es justo preguntar, ¿ qué nos pasa Puerto Rico?

Fuera el ajuste de combustible y no rebajas cosméticas

 

Si escuchamos de primera intención al ingeniero José Ortíz, quien propone la eliminación del fatídico «ajuste por combustible» en las facturas de luz, podríamos creer que el referido funcionario trae consigo una maleta de buenas intenciones para aliviar la seria situación económica que aqueja a muchas familias. Incluso, ahora se habla de una rebaja de un 10 por ciento en el costo de la energía a partir de diciembre, pero todos sabemos que ese reajuste es una tomadura de pelo a los abonados de la Autoridad de Energía Eléctrica.

Tal  rebaja es tan solo una gota de agua en medio  de aumentos que en algunos casos alcanzan el 3oo por ciento en la facturación  mensual. Sabido es, que Ortíz, director ejecutivo de la AAA y ahora nombrado a la Junta de Gobierno de la AEE, es un funcionario brillante que sabe nadar en aguas rojas, verdes o azules. El jura que no se debe a los bonistas de ambas corporaciones públicas, pero tampoco su prioridad es el Pueblo de Puerto Rico.

Bajo la dirección del ingeniero José Ortíz, en la isla se paga la tarifa más abusiva por el uso de un sistema de alcantarillado putrefacto, tapado y obsoleto. En cuanto al costo  del agua potable, el consumidor no recibe calidad a cambio de precio. Por eso muchas familias tienen que incurrir en gastos adicionales adquiriendo agua de compañias privadas.

No duden amables lectores, que la estrategia del ingeniero Ortíz para eliminar el ajuste de combustible en la factura de luz, sea el mismo truco utilizado en la AAA  con  los notorios «bloques de facturación». Sencillamente, estaríamos hablando del mismo dulce con diferente palito. No más abusos con los consumidores, fuera ya el ajuste de combustible….y sin nuevos trucos.

De lo insólito a lo absurdo el conteo de asesinatos

 

     Como si se tratara de una despedida de año, cuando los diferentes medios de comunicación comienzan el conteo anunciando que faltan tantos segundos para recibir el año que está por comenzar, así lució el feo espectáculo de algunos mantenedores de programas indicando que solo faltaban equis número de muertes violentas para alcanzar la fatídica cifra de mil asesinatos en lo que va del 2011. Es tal el grado de morbosidad, que en algunos noticieros le preguntaron al Superintendente de la Policía, general Emilio Díaz Colón, sobre varias muertes sospechosas  no incluidas en las estadísticas de la Uniformada.

Desafortunadamente la cifra histórica de homicidios ya sobrepasa los mil cinco casos, por lo que no dudamos que algunos sensacionalistas inicien otro conteo para ver si  la criminalidad rebasa el doble muertes  de los últimos 10 años.

Si alguien tenía algún asomo de duda, no le sorprenda si afirmamos que hay un sector de nuestra sociedad al que no le preocupa la ola delictiva que azota a la isla desde hace varias décadas. Ver jóvenes caer abatidos a tiros en calles y carreteras parece no conmover a muchos puertorriqueños. Incluso, examinen las fotos recientes de muertes violentas que aparecen en los diferentes canales de televisión  y observen a mujeres con niños en los brazos, mientras los «averigua’os» sonrien  a la cámaras.

Hasta ese punto hemos llegado en la otrora isla de la compasión y el amor al prójimo. Esa es la misma gente a quienes  las autoridades piden cooperación para esclarecer un crimen y responden a coro «que no han visto nada».

Necesaria la creación del policía de la comunidad

 

Mientras el gobierno ya no sabe a que mecanismos recurrir para enfrentar la ola de asesinatos que sigue afectando a Puerto Rico, ahora surge la idea de establecer en todos los barrios y urbanizaciones de la isla la llamada «policía de la comunidad». Si lo miramos desde un punto de vista objetivo, no hay problema alguno con buscar nuevas alternativas para ver  si algo sirve para que no siga aumentando la cifra de muertes violentas en los cuatro puntos cardinales de la otrora «isla del encanto».

El concepto del policía de la comunidad está vigente hace muchos años en el estado de la Florida, donde agentes adscritos a los diferentes condados tienen la responsabilidad de mantener cotrol en sus respectivos vecindarios. Para ello, el estado  les otorga un incentivo económico aparte del salario regular y se le permite mantener el auto-patrulla a sus disposición las 24 horas.

Además, el policía de la comunidad puede requerirle identificación a cualquier extraño que sorprenda en su vecindario y recibe la cooperación de todos los residentes que lo mantienen al tanto de quienes son las personas bienvenidas al sector. Por otro lado, el funcionario mantiene al día los números telefónicos de todos los vecinos y en caso de emergencia él está preparado para acudir de inmediato a un llamado al 9-1-1.

A diferencia de nuestra isla donde los policías alegan que ellos no intervienen en sus vecindarios para no buscarse problemas con nadie, el caso policía de la comunidad es un amigo protector respetado y considerado por toda la gente. Si bien la ubicación de agentes en todas la comunidades no va a solucionar el grave problema de la criminalidad en Puerto Rico, se trata de un método novedoso que vale la pena experimentar. Un crimen o mil asesinatos no tienen razón de ocurrir en un país donde nos jactamos de ser tolerantes y civilizados. Unión de  pueblo y   Policía sería la combinación adecuada para detener este río de sangre.

¿ Hasta cuando, señor gobernador, hasta cuando?

¿ Hasta cuando va usted a seguir tolerando que el funcionario Israel Cruz Santiago, conocido en el ambiente de la farándula como «Ray Cruz», siga poniendo en descrédito el buen nombre y el prestigio de la Corporación para la Difusión Pública de Puerto Rico, organismo que tiene la responsabilidad ministerial de presentar la mejor cara de nuestra isla ante el mundo?

Aparte de mantener una constante andanada de dimes y diretes con el productor Angel «Junior»  Torrealba, el señor Cruz Santiago no hace otra cosa que mantenerse activo en los diferentes programas de chismes, que lógicamente, dependen de ese tipo de polémicas para elevar sus números de audiencia.

Aquí seríamos incapaces de afirmar que la limitada preparación académica del señor Cruz Santiago es la causante de que el funcionario no tenga la capacidad y el tacto que se exige para resolver asuntos que son de rutina para personas con mayor preparación administrativa. Aunque instrucción no es sinónimo de educación, siempre hay un lugar para todo aquel que dice llamarse profesional.

En el caso de Ray Cruz, no se trata de nada personal. Es que, sencillamente, este señor carece de los conocimientos, preparación académica en asuntos de radio y televisión pública y de un atributo que no se estudia en ninguna institución: saber respetar los derechos del prójimo.

Señor gobernador don Luis Fortuño Bursed, si al final usted y la junta de directores de la Corporación para la Difusión Pública, optan por permitir que el señor Cruz Santiago, continúe en el cargo de presidente de  esa corporación pública, pues santo y bueno. A lo mejor usted está viendo en él, algo que nosotros no vemos: la lealtad del funcionario a su gobierno y al partido que usted dirige.

El problema: falta de supervisión en la Policía

 

Amigos lectores, ¿ cuándo fue la más reciente ocasión en que ustedes vieron a la Policía llevando a cabo rondas preventivas en sus vecindarios?  Aparte de eso, ¿ saben ustedes quien es el oficial policiaco que está a cargo de su distrito y en que oportunidad ese oficial visitó sus comunidades o sectores para reunirse con el liderato cívico local?

Si la contestación a estas interrogantes es positiva, entonces agradeceremos a ustedes que identifiquen a los mencionados uniformados de alto rango para tributarles el reconocimiento público que bien merecen. Por lo menos, en nuestra comunidad, la Policía estatal ha dejado todo el trabajo en manos de los policias municipales que tratan de hacer lo que pueden con los recursos a su disposición

Obviamente, no podemos culpar a los uniformados por la falta de supervision en todos los distritos y regiones de la isla. Si su jefe inmediato ni siquiera dispone de un plan para luchar contra la criminalidad que se encuentra fuera de control, que otra cosa podemos esperar. Hacer bloqueos y expedir boletos de tránsito no puede ser la única y prioritaria tarea de los comandantes de regiones cuyo apego al escritorio y a las oficinas con aire acondicionado es lo único que resume su compromiso con la ciudadanía.

Qué tiempos aquellos, cuando el comandante a cargo de la entonces Area Policiaca de Mayagüez, ustedes lo veían en la iglesia, eventos deportivos, actividades escolares, reuniones de padres y en cuanta fiesta se organizaba en los  vecindarios.  Ahora, los señones de barras y estrellas no tienen tiempo ni para escuchar los problemas de sus propios compañeros de la Fuerza. No le echen la culpa al guardia si no vigila su vecindario, descarguen sus quejas y coraje con los altos oficiales que se han transformado en los «nuevos reyecitos» de la sociedad puertorriqueña.