A 100 años del terremoto de San Fermín en el Oeste y aún no estamos listos

Estado en que quedó la Catedral de Mayagüez tras el terremoto (Archivo/Red Sísmica).

MAYAGÜEZ: El 11 de octubre del 2018, a las 10:14 de la mañana, se cumple exactamente un siglo del llamado Terremoto de San Fermín, que causó destrucción y 116 muertes en pueblos de la costa Oeste de Puerto Rico, y según la propia Red Sísmica, localizada en el Recinto Universitario de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico (RUM), fue “uno de los más severos terremotos en la historia” de la Isla.

Se le llama el Terremoto de San Fermín, debido a que ocurrió en el día de ese santo, según el santoral católico.

Las pérdidas materiales fueron estimadas en aproximadamente $4 millones de la época, que al día de hoy ascenderían a más de $66 millones, según el cálculo basado en el cambio por inflación del Consumer Price Index.

Sin embargo, a 100 años, en Puerto Rico no estamos preparados para enfrentar un terremoto destructivo de magnitud 7.3, como el ocurrido en 1918.

En una entrevista publicada en 2016, el entonces director del Programa de Movimientos Fuertes del RUM, Dr. José A. Martínez, respondió con un categórico “no” cuando se le preguntó si Puerto Rico estaba preparado para un fenómeno catastrófico de esa naturaleza.

Explicó que el problema principal son los códigos de construcción por los que se rige Puerto Rico. El Código de Construcción de 2009 usa como base el International Building Code.

Estos códigos consideran la ubicación de las fallas sísmicas, tomando en cuenta los terremotos más recientes.

En Puerto Rico se creyó por mucho tiempo que solamente había fallas alrededor de la isla y no en el interior de la Isla. Se revela en la nota que en el 2000, se encontró una falla que comienza en la bahía de Boquerón, aunque no se sabe dónde termina.

Para el 2012, se descubrió otra falla que atraviesa la Isla desde Salinas, Santa Isabel y Juana Díaz hasta la zona de Aguada, Aguadilla y Añasco.

Trascendió que aunque esta falla podría provocar un terremoto de aproximadamente magnitud 7, la misma no es considerada en los códigos de construcción para propósitos de diseño de estructuras.

Mientras tanto, a pesar de los esfuerzos que nos consta hace la Red Sísmica para orientar y concienciar a la comunidad sobre la importancia de prepararse para enfrentar los efectos de un terremoto, falta mucho por internalizar el riesgo y sus consecuencias.

La generación que vivió y sufrió el Terremoto de San Fermín ya no está para contarnos sus experiencias. Lo que nos queda son los libros de historia, los recortes de los periódicos de la época y las colecciones de fotos de los daños que se produjeron como resultado del evento.

El tsunami

Citando a la Red Sísmica, “una gran ola marina sísmica siguió al terremoto. Alcanzó su mayor elevación en los puntos cercanos a la esquina noroeste de la Isla, donde se observó casi inmediatamente después del terremoto. La gran ola que acompañó el terremoto se acercó a la playa con el arco delante de la cresta, toda vez que el agua primero se retiró de la costa para después volver. Este hecho concuerda con la hipótesis de que hubo súbito desplazamiento hacia abajo de limitada área del fondo del mar. Una gran ola marina, como la observada, puede ser causada por el súbito desplazamiento vertical del fondo del mar pero no por un desplazamiento horizontal.

En todos los lugares que se vio la ola en las costas de Puerto Rico e islas vecinas, los observadores informan que el mar primero se retiró de la costa exponiendo a la vista, en algunas partes, arrecifes y extensiones del fondo del mar nunca habían sido visibles en las mareas más secas. Y entonces el agua volvió, alcanzando elevaciones igualmente altas sobre lo normal. En algunos puntos la gran ola vino seguida de una o dos más pequeñas. En las bahías cerradas el agua siguió con flujo y reflujo por algún tiempo.

Cerca de Punta Agujerada se calculó la elevación de la ola entre 5.5 y 6.0 metros (aproximadamente 20 pies). Los cálculos del tiempo transcurrido entre el temblor de tierra y la llegada de la ola marina fueron de 4 a 7 minutos.

En el pueblo de Aguadilla, 32 personas murieron ahogadas y cerca de 300 ranchos existentes en la playa fueron destruidos. En la vecindad de Punta Agujerada ocho personas murieron ahogadas”.

Nos preguntamos si partiendo de los daños provocados por el fuerte oleaje que desató el huracán María el 20 de septiembre de 2017, junto al serio problema de la erosión costera y los efectos del cambio climático, en el litoral costero del Oeste; entonces cuál será el efecto de un evento así.

Es innegable que vivimos en una región sísmicamente activa. Tan reciente como ayer miércoles, 10 de octubre, se reportó un temblor de magnitud 2.39, cuyo epicentro fue localizado a 5.73 kilómetros al suroeste de Cabo Rojo.

El problema que tenemos es que los terremotos, contrario a los huracanes, no se pueden anticipar. Por eso es importante la prevención y, sobre todo, la preparación.