Banned Books Week: Los libros que alguien no quiere que leas

La censura literaria también tiene historia en Puerto Rico.

Un libro puede ser peligroso. No porque explote, dispare o envenene, sino porque puede hacer algo que a través de la historia ha incomodado al poder, a gobiernos, instituciones, grupos religiosos, organizaciones políticas y hasta padres preocupados: poner una idea en la cabeza de un lector.

Esta semana, del 4 al 10 de octubre, se conmemora en Estados Unidos la Banned Books Week (Semana de los Libros Prohibidos), iniciativa dedicada a defender la libertad de leer y a llamar la atención sobre los intentos de retirar libros de escuelas y bibliotecas.

Y aunque pudiera parecer un problema lejano, Puerto Rico también tiene su propia historia de censura literaria.

En una controversia que Puerto Rico no debe olvidar, uno de los episodios más claros ocurrió en septiembre de 2009.

Entonces, el Departamento de Educación de Puerto Rico ordenó retirar del uso en las escuelas públicas cinco libros destinados al programa de Español de undécimo grado.

Los títulos fueron:

  • Antología personal, de José Luis González
  • El entierro de Cortijo, de Edgardo Rodríguez Juliá
  • Mejor te lo cuento: Antología personal 1978-2005, de Juan Antonio Ramos
  • Reunión de espejos, editado por José Luis Vega
  • Aura, del célebre escritor mexicano Carlos Fuentes

La orden procedió de la Subsecretaría para Asuntos Académicos del Departamento de Educación durante la administración del secretario Carlos Chardón.

La razón ofrecida resulta particularmente reveladora.

Según explicó entonces la agencia, las obras contenían vocabulario y lenguaje considerado “inaceptable, por ser extremadamente burdo y soez”. La directriz dispuso que quedara “terminantemente prohibido” utilizarlas.

Aquello desató una tormenta.

Escritores, periodistas y profesores universitarios denunciaron la decisión como censura. Una declaración firmada por escritores puertorriqueños sostuvo que eliminar esas obras del currículo por su lenguaje constituía una afrenta a la cultura.

El entonces gobernador Luis Fortuño, por otra parte, rechazó que la medida constituyera censura y defendió la distinción entre retirar una obra del currículo escolar y prohibir que pudiera leerse en términos generales.

Esa distinción es importante.

Los libros no fueron prohibidos para su venta o posesión en Puerto Rico. Lo que hizo Educación fue impedir su utilización en determinado contexto del sistema de enseñanza pública.

Pero precisamente ahí reside una de las grandes discusiones sobre la censura: ¿cuándo una decisión curricular legítima se convierte en una intervención gubernamental destinada a impedir que los estudiantes entren en contacto con determinadas palabras, ideas o realidades?

¿Qué tenían aquellos libros de tan peligroso?

La selección de 2009 resulta llamativa porque incluía autores fundamentales de las letras puertorriqueñas y latinoamericanas.

El entierro de Cortijo, de Edgardo Rodríguez Juliá, va mucho más allá de narrar el funeral del legendario músico Rafael Cortijo. La crónica introduce al lector en asuntos de raza, pobreza, identidad nacional, música popular, clases sociales y las contradicciones de la sociedad puertorriqueña.

José Luis González, por su parte, es una figura imprescindible para comprender las discusiones sobre identidad, raza, clase y nacionalidad puertorriqueña.

Y Aura, publicada en 1962 por Carlos Fuentes, es considerada una de las grandes novelas breves de la literatura hispanoamericana del siglo XX.

El problema señalado oficialmente en 2009 no fue que los estudiantes fueran incapaces de comprender esas ideas.

Fue el lenguaje.

Y ahí aparece una pregunta que sigue teniendo vigencia: ¿Debe eliminarse una obra literaria porque contiene palabras que resultarían inaceptables en una conversación cotidiana?

2026: la batalla por los libros continúa

Diecisiete años después de aquella controversia puertorriqueña, Estados Unidos atraviesa una nueva y mucho más extensa batalla alrededor de los libros disponibles para niños y adolescentes.

La American Library Association (ALA), documentó durante 2025 “4,235 títulos distintos cuestionados”, la segunda cifra más alta registrada por la organización. La ALA contabilizó 713 intentos de censurar materiales o servicios bibliotecarios, 487 de ellos dirigidos específicamente contra libros.

Pero un nuevo informe divulgado precisamente hoy lunes, 5 de octubre, por PEN América presenta una dimensión todavía mayor dentro de las escuelas públicas.

La organización contabilizó 11,982 casos de prohibición de libros durante el año escolar 2025-2026, correspondientes a 7,370 títulos distintos y registrados en 114 distritos escolares.

Es la cifra anual más alta desde que PEN América comenzó a llevar este registro en 2021.

Las cifras de ALA y PEN America no deben sumarse ni compararse directamente, porque utilizan definiciones, períodos y metodologías diferentes.

Pero ambas apuntan hacia el mismo fenómeno: miles de obras están siendo cuestionadas, restringidas o retiradas de instituciones educativas y bibliotecas estadounidenses.

Los libros más cuestionados

La lista de la American Library Association correspondiente a 2025 parece casi una biblioteca de aquello que incomoda a distintos sectores de la sociedad estadounidense.

El libro más cuestionado fue Sold, de Patricia McCormick, novela juvenil que relata la historia de una adolescente nepalesa víctima de trata y explotación sexual.

Le siguieron The Perks of Being a Wallflower, de Stephen Chbosky; Gender Queer: A Memoir, de Maia Kobabe; Empire of Storms, de Sarah J. Maas; Last Night at the Telegraph Club, de Malinda Lo; Tricks, de Ellen Hopkins; y A Court of Thorns and Roses, también de Maas.

En el octavo puesto hubo un empate que incluyó A Clockwork Orange, de Anthony Burgess; Identical, de Ellen Hopkins; Looking for Alaska, de John Green, y Storm and Fury, de Jennifer L. Armentrout.

Las razones más frecuentes para objetar libros incluyen contenido sexual, lenguaje considerado ofensivo, representaciones LGBTQIA+, asuntos relacionados con raza y racismo, violencia y posiciones políticas o religiosas.

Hay otro dato que merece atención.

Según la ALA, durante 2025 “el 92 por ciento de los cuestionamientos registrados fueron iniciados por grupos de presión, funcionarios gubernamentales y personas con poder de decisión”.

Menos del 3 por ciento procedieron de padres actuando individualmente.

Eso ha transformado considerablemente la discusión.

Ya no se trata únicamente de un padre que descubre un libro que considera inapropiado para su hijo y reclama ante una escuela.

En numerosos lugares se han producido campañas coordinadas para identificar y remover decenas o centenares de títulos.

PEN América informó este lunes que “Texas registró más de 8,000 prohibiciones durante el año escolar 2025-2026”, superando a Florida, que registró más de 3,200. Según el análisis de la organización, leyes estatales tuvieron participación en las prohibiciones registradas en el 72 por ciento de los distritos que estudió.

Los clásicos también fueron “peligrosos”

Uno de los aspectos más fascinantes de la historia de la censura es descubrir qué libros alguna vez fueron considerados demasiado peligrosos, inmorales u ofensivos.

1984, de George Orwell: La novela que nos dio al **Gran Hermano**, la Policía del Pensamiento y el Ministerio de la Verdad también fue cuestionada.

En 1981 fue objetada en Florida bajo señalamientos de que contenía material sexual explícito y, paradójicamente para una de las novelas antitotalitarias más conocidas de la historia, porque supuestamente era “procomunista”.

The Catcher in the Rye, de J. D. Salinger: Hoy es un clásico de la literatura estadounidense.

Durante décadas fue cuestionado por lenguaje vulgar, referencias sexuales, irreverencia religiosa y la actitud rebelde de su protagonista, Holden Caulfield. En Tulsa, Oklahoma, un maestro llegó a ser despedido en 1960 después de asignarlo a una clase de undécimo grado. Posteriormente recuperó su empleo, aunque el libro fue retirado de aquella escuela.

To Kill a Mockingbird, de Harper Lee: Ganadora del Pulitzer y considerada una de las grandes novelas estadounidenses del siglo XX, también ha sido objeto de controversia desde perspectivas muy diferentes. Ha sido cuestionada por lenguaje racista, insultos raciales, violencia y por la manera en que representa a los personajes negros y aborda el racismo estadounidense.

Aquí aparece una paradoja interesante que consiste en que un mismo libro puede ser cuestionado por sectores ideológicamente opuestos y por razones completamente distintas.

A Clockwork Orange, de Anthony Burgess: La perturbadora novela de Burgess sobre violencia juvenil, libre albedrío y manipulación psicológica continúa provocando controversia más de seis décadas después de publicarse.

The Handmaid’s Tale, de Margaret Atwood: La distopía sobre una sociedad teocrática que controla la reproducción y el cuerpo de las mujeres continúa siendo retirada de escuelas estadounidenses.

PEN America vuelve a situarla entre los títulos prohibidos repetidamente durante el año escolar 2025-2026.

Puerto Rico conoce la censura desde mucho antes

La historia puertorriqueña demuestra que el fenómeno tampoco comenzó en 2009. Durante el dominio español existieron controles gubernamentales sobre publicaciones, periódicos y libros.

Un estudio histórico publicado en el Anuario de Estudios Americanos, por ejemplo, documentó cómo incluso escritos de Jorge D. Flinter, autor cercano al gobierno colonial, sufrieron alteraciones producto de la censura en Puerto Rico en 1829 cuando abordaban las delicadas relaciones entre España, sus colonias y las antiguas colonias americanas.

La profesora e historiadora Silvia Álvarez Curbelo ha señalado igualmente que la historia puertorriqueña ofrece numerosos ejemplos de censura explícita y encubierta sobre la palabra escrita.

Por eso la censura literaria en Puerto Rico no es una importación reciente de las llamadas guerras culturales estadounidenses. Tiene raíces propias.

Recuerde el lector algo bien importante: Cuando alguien dice que no debes leer uno, inmediatamente provoca ganas de descubrir qué dice.