
MAYAGÜEZ: Mientras el debate público gira alrededor de campañas políticas, controversias partidistas y titulares pasajeros, miles de organizaciones sin fines de lucro en Puerto Rico enfrentan una peligrosa realidad de la reducción de fondos que sostiene gran parte del trabajo comunitario que muchas veces nadie más quiere o puede hacer.
Y el asunto es que esa crisis no siempre aparece en las primeras planas.
Conversando con José Luis “Chegüi” Vázquez, coordinador de la organización sin fines de lucro Estancia Corazón, en el programa CON BASE Y FUNDAMENTO por WKJB 710, se puso el dedo en la llaga de la situación, en la que personas que dejan de recibir alimentos; víctimas que pierden servicios; estudiantes que dejan de recibir tutorías; pacientes que se quedan sin clínicas comunitarias; o de ancianos que pierden programas de apoyo.
“Las organizaciones sin fines de lucro operan en un espacio incómodo, en el que hacen trabajo público, pero no son gobierno; atienden necesidades sociales, pero no funcionan como empresas privadas. Muchas existen precisamente porque el Estado no alcanza, porque el mercado no tiene incentivos o porque simplemente nadie más está dispuesto a asumir ciertas responsabilidades”, explicó Vázquez.
Por décadas, numerosos programas federales permitieron crear un ecosistema de organizaciones comunitarias que complementaban, o en muchos casos sustituían, funciones gubernamentales.
Hoy, cuando esos fondos disminuyen, se revela una verdad incómoda en la que hay menos personas atendidas; se cancelan programas; o se reducen horarios y servicios. Pero aún así, el compromiso hace que los servicios se sigan prestando.
La situación de entidades como Estancia Corazón, se repite con SIEMPREVIVAS, que dirige la doctora Luisa Seijo; o Escape, como lo ha expresado Helga Maldonado a LA CALLE Digital.
Luego de los huracanes Irma, María y Fiona; los terremotos del 2020; la pandemia de COVID-19; y la perenne crisis económica, fueron innumerables las organizaciones comunitarias, religiosas, educativas y sin fines de lucro las que llenaron espacios abandonados por estructuras oficiales. Muchas distribuyeron alimentos cuando nadie más podía. Otras ofrecieron apoyo psicológico, vivienda o asistencia médica.
Ahora, con esta incertidumbre financiera, nos preguntamos ¿Quién hará ese trabajo si las organizaciones sin fines de lucro desaparecen?
Vázquez comentó durante la entrevista que eliminar fondos o cortar programas puede parecer un ahorro en una hoja de cálculo federal. Sin embargo, el costo real se ve en las salas de emergencia repletas, mayor criminalidad, más personas sin hogar, peor salud mental, más pobreza y comunidades frágiles.
Con la visión injusta de algunos de que las entidades sin fines de lucro son simples receptoras de ayudas gubernamentales, muchas de estas organizaciones operan como infraestructura social esencial y son parte del mecanismo que evita que problemas sociales pequeños se conviertan en crisis mayores.
Como cuestión de hecho, dijo Vázquez que se están buscando más donantes individuales; formar alianzas; y aumentar las campañas de recaudación.
“Los servicios se siguen dando contra viento y marea”, concluyó.



















