El fenómeno ha ganado visibilidad en redes sociales y genera preguntas legítimas sobre identidad, cultura juvenil y el papel de la sociedad frente a nuevas formas de autoidentificación.
En la era digital, la identidad ya no es un proceso íntimo. Es contenido.
En las últimas semanas ha comenzado a discutirse con mayor frecuencia el término “Therians”: jóvenes que afirman identificarse —a nivel interno o psicológico— con animales no humanos. Lobos, tigres, zorros, aves o reptiles se convierten en referentes simbólicos de una identidad que, según quienes la adoptan, no se siente completamente humana.
La pregunta no es si existe el fenómeno. La pregunta es qué significa.
Más que una moda viral
El término proviene del griego therion, que significa “animal salvaje”. En su forma contemporánea, describe a personas que sostienen que su identidad interna está vinculada a un animal específico.
No es un diagnóstico médico reconocido.
No es una transformación física.
No es, necesariamente, un trastorno clínico.
Es una narrativa identitaria.
Sin embargo, cuando una narrativa se vuelve colectiva y viral, deja de ser individual y se convierte en fenómeno cultural.
Redes sociales: amplificadores de identidad
TikTok, Instagram y foros digitales han permitido que experiencias aisladas encuentren comunidad inmediata. Lo que antes podía ser una exploración privada hoy se convierte en tendencia pública.
Las plataformas digitales premian lo diferente.
La diferencia genera atención.
La atención genera validación.
Y en la adolescencia, la validación es moneda poderosa.
Identidad simbólica y vacío generacional
Identificarse con un lobo puede simbolizar fortaleza o independencia.
Con un gato, autonomía.
Con un ave, libertad.
En muchos casos, el animal funciona como metáfora emocional. Pero cuando la metáfora sustituye la identidad humana básica, surge el debate legítimo.
¿Estamos ante una exploración simbólica inofensiva?
¿O ante una señal de desconexión social más profunda?
No se trata de ridiculizar. Tampoco de aceptar acríticamente.
Se trata de analizar.
El papel de la familia, la escuela y el Estado
Toda generación atraviesa procesos de redefinición. Lo que distingue este momento histórico es la velocidad y la exposición pública.
Cuando fenómenos como el therianismo comienzan a aparecer en entornos escolares o espacios institucionales, la discusión deja de ser cultural y pasa a ser de política pública.
¿Debe el sistema educativo validar toda identidad autoasumida?
¿Debe intervenir?
¿Debe limitarse a observar?
Estas preguntas no son ataques. Son parte del deber democrático de deliberar.
Más allá del escándalo
El fenómeno Therian no redefine la biología.
Redefine, para algunos jóvenes, su narrativa personal.
Y tal vez esa sea la clave: estamos ante una generación que no solo cuestiona estructuras sociales tradicionales, sino la propia definición de lo humano como categoría cerrada.
Ignorar el fenómeno sería irresponsable.
Alarmarse sin contexto también lo sería.
Lo sensato es discutirlo con datos, con calma y con profundidad.
Porque detrás de cada tendencia viral hay una pregunta más grande que la moda:
¿Qué está buscando esta generación cuando decide sentirse algo distinto a lo que siempre hemos entendido como humano?
Ahí es donde comienza el verdadero debate.





















