[COLUMNA] La absolución del enfermero Eduardo Meléndez

La absolución del enfermero Eduardo Meléndez Velázquez por la muerte del biólogo Roberto Viqueira ha generado una reacción inmediata y comprensible: indignación, frustración y una profunda sensación de vacío. Para muchos, el fallo no satisface la necesidad de justicia. Para el derecho penal, sin embargo, la discusión quedó cerrada.

Y ahí es donde chocan dos mundos: la justicia legal y la justicia emocional.

Este caso vuelve a poner en el centro del debate dos conceptos fundamentales —y muchas veces incomprendidos— del sistema penal: la defensa propia y el principio constitucional de doble exposición.

La defensa propia no niega la tragedia

Es importante decirlo sin rodeos: una absolución por defensa propia no significa que no hubo una muerte, ni que el hecho carezca de gravedad moral. Significa, estrictamente, que el tribunal entendió que el Ministerio Público no logró probar más allá de duda razonable que el uso de la fuerza fue criminal.

La defensa propia no evalúa quién era mejor persona ni quién “merecía” vivir. Evalúa si, en el momento del hecho, el acusado percibió una amenaza real o inminente y actuó para proteger su vida. Cuando esa alegación no puede ser derrotada con prueba contundente, el derecho penal obliga a absolver, aunque el resultado sea profundamente doloroso.

La doble exposición: el muro que no se puede cruzar

Tras la absolución, muchos se preguntan:

¿Por qué no se puede apelar? ¿Por qué no se puede intentar otra vez?

La respuesta es incómoda, pero clara: la Constitución lo prohíbe.

El principio de doble exposición establece que nadie puede ser juzgado dos veces por los mismos hechos una vez ha sido absuelto. No importa cuán polémica sea la decisión, ni cuán fuerte sea la presión pública. El Estado tuvo su oportunidad, presentó su caso y el tribunal decidió.

Permitir que el Ministerio Público reprocesara a una persona tras una absolución sería abrir la puerta a persecuciones interminables, donde el poder del Estado podría desgastar al ciudadano hasta lograr una convicción por agotamiento, no por prueba.

La doble exposición no protege culpables; protege a todos de un Estado sin límites.

¿Implica esto impunidad?

No necesariamente, pero sí implica una realidad difícil de aceptar: no toda muerte violenta termina en una convicción penal. El derecho penal no castiga tragedias; castiga delitos probados con certeza.

Eso no elimina:

  • El dolor de los familiares
  • La indignación social
  • Las preguntas sin respuesta

Pero sí marca una frontera clara: el caso penal terminó.

El rol del periodismo frente a decisiones incómodas

En momentos como este, el periodismo tiene una responsabilidad mayor. No es avivar la rabia ni absolver moralmente a nadie. Es explicar, contextualizar y traducir el lenguaje jurídico a una ciudadanía que sufre y cuestiona.

Casos como el de Roberto Viqueira nos obligan a mirar de frente una verdad incómoda: el sistema de justicia no siempre ofrece consuelo, pero existe precisamente para evitar arbitrariedades mayores.

La absolución de Eduardo Meléndez Velázquez no borra la muerte de Roberto Viqueira ni sana el dolor de quienes lo amaban. Pero sí reafirma un principio esencial: el poder punitivo del Estado tiene límites, incluso cuando el resultado es impopular.

La defensa propia y la doble exposición no son excusas legales; son barreras democráticas.

Renunciar a ellas por indignación sería abrir la puerta a un sistema donde la emoción sustituya a la prueba.

Y ese, históricamente, siempre ha sido un camino peligroso.

Intensificarán lucha por la Laguna de Guánica como homenaje al biólogo Viqueira Ríos

GUÁNICA: La Alianza Comunitaria por la Laguna de Guánica expresó hoy su indignación ante el vil asesinato del biólogo ambiental Roberto Viqueira Ríos. Al mismo tiempo, reafirmó que su compromiso con la restauración de la Laguna de Guánica se intensificará como parte del legado de quien fuera un defensor incansable del medioambiente.

“Roberto Viqueira, junto a la organización Protectores de Cuencas, abrazó la causa de la restauración de la Laguna, una lucha que nuestras comunidades han sostenido por décadas. Desde 1991 existe en Guánica un comité por la restauración de la laguna, pero esta lucha realmente comenzó desde los años 60, cuando la Central Guánica y el gobierno cometieron el crimen ambiental de secarla”, indicó Bárbara González, maestra jubilada y residente del sector Fraternidad.

La Laguna de Guánica fue el cuerpo natural de agua dulce más grande de Puerto Rico, con unas 1,200 cuerdas de terreno. Hasta su drenaje, sirvió como fuente de alimento y recreación para las comunidades cercanas, además de ser hábitat de cientos de especies de flora y fauna.

La propuesta actual de restauración busca crear una laguna más pequeña, de unas 600 cuerdas, navegable, con bancos de peces y usos agrícolas.

“Roberto tuvo un rol clave en mover esta causa hacia la acción concreta. Con la visión que siempre lo distinguió, sometió propuestas al gobierno federal y, junto a Protectores de Cuencas, compitió por fondos para hacer realidad la restauración de la Laguna de Guánica. Gracias a ese esfuerzo, en abril de 2023 logró una asignación de 7.4 millones de dólares por parte de la NOAA (Administración Nacional Oceánica y Atmosférica)”, añadió Luis García, miembro de la Alianza y presidente de Unidos por la Comunidad Arenas.

Actualmente, la NOAA espera por un acuerdo entre el Departamento de Recursos Naturales y el Departamento de Agricultura de Puerto Rico para viabilizar el desembolso de los fondos y comenzar el proyecto. Sin este acuerdo, los fondos podrían perderse. La decisión está en manos de la gobernadora Jennifer González Colón.

La mandataria, quien respaldó el proyecto cuando era comisionada residente, firmó recientemente la Orden Ejecutiva OE-2025-027, que crea un grupo de trabajo interagencial encargado de estudiar y proponer alternativas para ejecutar el proyecto sin afectar las actividades agrícolas de la zona.

“Roberto participó de la primera reunión del comité creado por la Gobernadora y estaba esperanzado en que el objetivo de la orden ejecutiva —lograr consenso en torno al proyecto— se cumpliera. Las comunidades de Guánica merecemos esta oportunidad de desarrollo económico para nuestro pueblo, golpeado por los desastres y la emigración”, expresó Miguel González del barrio Laguna.

Colectivo de Residentes de Guánica reconoce el legado del biólogo Roberto Viqueira

GUÁNICA: El Colectivo de Residentes de Guánica lamenta profundamente el deceso del director ejecutivo de Protectores de Cuencas, Roberto Viqueira, colaborador del Colectivo y de las causas ambientales en Guánica y el sur de Puerto, y destaca su legado en la defensa del medioambiente y los recursos naturales.

“El biólogo Viqueira fue amigo y colaborador cercano de nuestra organización comunitaria. Extendemos nuestras condolencias a su esposa, Moshaira Vicentí, a sus hijos y demás familiares. También, a sus compañeros de trabajo. Sin duda, con su labor y entrega con proyectos tan importantes como la propuesta restauración de la laguna de Guánica, así como en detalles como el vivero para reforestar en nuestra zona, entre otras iniciativas, deja un legado inmenso”, declaró la profesora María de los Ángeles Ortiz, a nombre del Colectivo.

Por su parte, la asesora legal del Colectivo, licenciada Naudelis Fernández Reyes, becaria del Charles Hey Maestre 2025 en el Resiliency Law Center, expresó que “como colaboradora del Colectivo de Residentes de Guánica, me uno al dolor de su familia y de toda nuestra comunidad ambiental. La labor del señor Viqueira fue invaluable y deja una huella profunda en quienes luchamos por proteger nuestros recursos naturales y nuestras comunidades”.

Entretanto, el doctor Luis Bonilla, del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico, manifestó que “despedimos a Roberto Viqueira, un ser humano extraordinario que dedicó su vida a la defensa incansable de nuestros recursos naturales. Se destacó frente a una reconocida organización ambiental, Protectores de Cuencas, Inc., y su liderato visionario marcó un antes y un después en la protección de cuencas hidrográficas en nuestra isla. Fue un guardián inquebrantable de la biodiversidad, especialmente el sapo concho de Puerto Rico, que defendió como símbolo de resistencia y de equilibrio ecológico”.

El investigador científico, quien también es un destacado colaborador de la salud comunitaria de Guánica, añadió que “su legado vive en cada río más limpio, en cada bosque restaurado, en cada comunidad empoderada, y en cada vida silvestre protegida. Su pasión, entrega y compromiso con la justicia ambiental han dejado una huella imborrable en nuestro país. Hoy lloramos su partida, pero también celebramos su vida, que seguirá inspirando a futuras generaciones”.

El legado del biólogo Viqueira trasciende sus logros profesionales, pues supo inspirar a nuevas generaciones de ambientalistas y educar sobre la importancia del respeto y la protección de nuestros ecosistemas. Su pasión por la restauración ecológica y la justicia ambiental se reflejó en cada proyecto que lideró, dejando un modelo de compromiso y entrega para quienes continúan la lucha ambiental en la región.

La comunidad de Guánica reconoce con gratitud la huella profunda de Viqueira, cuya memoria servirá como faro para futuras iniciativas de conservación y desarrollo sostenible. El Colectivo reafirma su compromiso de seguir trabajando en honor a su visión y dedicación, y extiende un abrazo solidario a todas las personas que compartieron su camino y sus ideales.

Para el Colectivo de Residentes de Guánica, la partida de Viqueira no representa un adiós definitivo, sino el inicio de una nueva etapa donde su legado continuará guiando los esfuerzos de protección ambiental, resiliencia comunitaria y amor por la naturaleza que tanto defendió.