[Tribunal Libre] La Junta y Rosselló son de un pájaro las dos alas

Por: Iván Vargas Muñiz, líder obrero del Oeste

Desde los inicios de este gobierno, hemos visto las peleas públicas entre el gobernador Ricardo Rosselló por las distintas acciones que ha tomado el gobierno, y la Junta de Control Fiscal por sus exigencias de que se aprueben medidas en contra de los trabajadores.

Cuando la Junta de Control pretendía y exigía que se redujera la jornada laboral a los empleados públicos o de lo contrario tendría que cerrar el gobierno porque se quedaría sin dinero, el gobernador mantuvo su posición de no aplicar dicha reducción de jornada. La Junta amenazaba casi a diario al gobernador de dejarlo sin dinero para operar, pero Rosselló “resistió”. Al final, ni se les redujo la jornada a los empleados públicos, ni se cerró el gobierno. Uno a cero para el gobernador.

Luego vino el asunto de una segunda “reforma laboral”, que en primera instancia fue anunciada por el gobernador y que luego la retiró. La Junta se empeñaba en que tenía que ser aprobada. Regresaron las amenazas al gobierno de cerrar si no era aprobada y nuevamente vimos que, ni se aprobó, ni el gobierno cerró. Dos a cero.

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Surge otra nueva pugna, esta vez por la exigencia de la Junta de Control Fiscal de eliminar la Ley 80 de despido injustificado. Nuevamente la Junta comienza a amenazar al gobierno y al país que si no se cumplía con su exigencia, las consecuencias serían casi catastróficas. Predicciones casi apocalípticas surgieron de quienes favorecían la propuesta de la Junta, como lo son la Asociación de Industriales y la Cámara de Comercio de Puerto Rico. Sin embargo, la Ley 80 continúa vigente y seguimos igual. Tres a cero.

El más reciente encuentro fue en cuanto al bono de Navidad de los empleados públicos. Nuevamente la Junta de Control Fiscal utiliza como argumento que, si se otorga el mismo, el gobierno podría quedarse sin fondos para operar. Fueron semanas de intensa guerra que nos tuvieron entretenidos para que, al final, el gobernador otorgue el bono y la Junta se limite a decir que el gobierno tendría que hacer ajustes en otras partidas. Cuatro a cero a favor del gobernador.

Cada vez que vemos una guerra pública entre el gobierno y la Junta, la misma concluye con ambos cogidos de la mano, lo que nos da a entender que esas peleítas públicas no son más que un espectáculo mediático que obviamente beneficia al gobernador, Ricardo Rosselló, ya que aparenta que le ganó a la Junta y esto le ayuda para una futura campaña política.

Lo que el país no debe olvidar es que las propuestas de reducción de beneficios laborales han venido siempre del propio gobierno y que las negocia con la Junta para lograr que le aprueben otras partidas o propuestas. Lamentablemente, en este juego de “pitcher y cátcher”, donde el gobernador y la Junta se muestran como de un pájaro las dos alas, es el pueblo el que sufre las consecuencias.

Que quede claro, este servidor se opone a la Junta de Control Fiscal y a las decisiones que ha estado tomando para el país, sin embargo lo escrito aquí es mi apreciación sobre las actuaciones de un bando y de otro, a la vez que vemos que la Junta de Control Fiscal ha estado errática en sus posturas y así ha quedado demostrado.

Es hora de cambiar la política: Un partido sin partido

El líder sindical Iván Vargas Muñiz (Archivo).

Por Iván Vargas Muñiz

Todos hemos sido testigos del rumbo que ha tomado nuestro país, a causa de quienes han ostentando el poder de gobernar y legislar. Esos, que fueron electos bajo una insignia de un partido político, la inmensa mayoría han trabajado para sus propios intereses o para sus amigos y donantes.

El resultado, una Junta de Control Fiscal impuesta por los Estados Unidos para que nos gobierne, con el fin de garantizar el pago de una deuda que los expertos han dicho que jamás se podrá pagar. Una Junta que, curiosamente, tiene como integrantes personas que desde la empresa privada fueron artífices y cómplices de esa deuda, y hoy nos dicen que hay que pagarla.

Cuatrienio tras cuatrienio hemos votado íntegro, por rojos y azules creyendo las promesas de cada cual, pero viendo que al final no cumplen con ellas.

Un pabellón en Sevilla, Un centro de convenciones al lado de otro, un tren urbano que salió más caro que muchos otros que van a varios estados, privatizaciones a granel y la corrupción rampante han sido solo algunos de los culpables.

En cambio, la nueva oferta que nos presentan los partidos, es llevarnos a dar una nueva vuelta para llegar al mismo lugar. Donantes y asesores de los fondos buitres por un lado, y los defensores de esos mismos fondos buitres por el otro, lo que no nos da mucha esperanza de cambio alguno.

Sin embargo, me parece que debemos tomar en cuenta todo esto y repensar la forma de hacer campañas o de votar en Puerto Rico. Por eso, el título de mi columna.

Un partido sin partido es para mí el rumbo a seguir. Hay que ir identificando líderes en el país, que su compromiso real sea nuestra isla. Que tomen en cuenta a la ama de casa, al estudiante, a los periodistas, a los artistas, a los trabajadores, a los ingenieros, a los deambulantes, en fin a todos los que vivimos aquí.

Personas que estén dispuestas a aspirar a cargos electivos fuera de las insignias de partidos, pero en alianzas con otros, que de manera independiente, pero a la vez unidos, puedan rescatar nuestro país.

Un partido sin partido debe concretarse en una verdadera asamblea de pueblo, donde se determine por la mayoría de los asistentes quiénes aspirarán a las distintas posiciones electivas. Que establezcan además un programa de gobierno conjunto en conversaciones con las comunidades y que los únicos donativos que reciban, no sean mayores a los $100 para evitar las tentaciones en las que han caído otros políticos.

Suena absurdo, loco o tal vez maquiavélico, pero mirando lo que hemos vivido me parece que es el momento de reformar las elecciones en este país.

No lo descarten de primera fase. Analicen y se darán cuenta que no nos queda otra opción.