[EDITORIAL] Pauta, poder y silencio: cuando el dinero habla más fuerte que la censura

En Puerto Rico no hace falta cerrar periódicos ni apagar transmisores para influir sobre la prensa. Basta con algo más sutil, menos visible y mucho más efectivo en tiempos de crisis económica: el control del oxígeno financiero. La pauta gubernamental —el dinero que el Estado invierte en publicidad— se ha convertido en uno de los mecanismos de presión indirecta más poderosos sobre los medios de comunicación, no solo en la Isla, sino en toda América Latina.

El debate resurge ahora con los rumores sobre la posible cancelación del programa Cuarto Poder, del analista y abogado Jay Fonseca. Aunque no existe evidencia pública de que el gobierno haya ordenado su salida del aire, el solo hecho de que la discusión cobre fuerza revela algo más profundo y preocupante: la fragilidad del periodismo crítico en un ecosistema mediático económicamente vulnerable.

Influencia sin órdenes

Puerto Rico no vive una censura autoritaria al estilo venezolano, donde el Estado cierra medios, revoca licencias o persigue periodistas. Tampoco ha institucionalizado el uso de la pauta como castigo sistemático, como ocurrió durante décadas en México o Argentina. Sin embargo, la Isla sí comparte un rasgo común con muchos países latinoamericanos: la ausencia de reglas claras, transparentes y fiscalizables para la distribución de la publicidad gubernamental.

Cuando el gobierno es uno de los principales anunciantes en un mercado pequeño y debilitado, el mensaje implícito se entiende sin necesidad de llamadas incómodas ni amenazas explícitas: quien incomoda demasiado, arriesga ingresos. Y en medios que ya operan con márgenes mínimos, ese riesgo pesa.

Este tipo de influencia no deja huellas documentales. No hay memorandos, ni órdenes ejecutivas, ni censores oficiales. Lo que hay es autocensura, cautela editorial y decisiones corporativas justificadas bajo el lenguaje neutro de la “viabilidad económica”.

El caso Cuarto Poder: símbolo

Conviene ser responsables: hasta hoy, no hay evidencia verificable de que Cuarto Poder haya sido cancelado por presión gubernamental. El propio Jay Fonseca ha señalado que el futuro del programa responde a negociaciones contractuales y a la dura realidad del mercado publicitario. Pero el hecho de que amplios sectores asuman inmediatamente una posible intervención política dice mucho del clima de desconfianza existente.

Y esa desconfianza no surge de la nada. Se alimenta de un contexto donde el acceso a la información pública se ha vuelto más lento y restringido, donde nuevas leyes extienden plazos y amplían excepciones, y donde el periodismo investigativo enfrenta obstáculos cada vez mayores para fiscalizar al poder.

Lecciones desde América Latina

La experiencia regional es clara. En México, la pauta fue usada durante años como premio y castigo. En Argentina, como herramienta de polarización. En Venezuela, como antesala del control total. En contraste, países como Chile han demostrado que reglas técnicas, criterios objetivos y transparencia en la publicidad estatal reducen significativamente la interferencia política en los medios.

Puerto Rico aún está lejos de los extremos autoritarios, pero también lejos de los modelos institucionales que protegen la independencia editorial. La Isla se encuentra en una zona gris peligrosa: donde no hay censura directa, pero sí incentivos para el silencio.

El verdadero riesgo

El mayor peligro no es que un programa salga del aire. Es que, poco a poco, el periodismo crítico se vuelva insostenible. Que investigar sea un lujo. Que fiscalizar sea un riesgo financiero. Que incomodar al poder deje de ser una función normal de la prensa y se convierta en una apuesta temeraria.

Cuando el dinero público se convierte en herramienta de influencia, la libertad de prensa no muere de golpe. Se debilita lentamente. Y cuando finalmente se nota su ausencia, ya es tarde para recuperarla.

Puerto Rico todavía tiene tiempo de aprender de la región. Pero para hacerlo, primero debe atreverse a mirar de frente una verdad incómoda: a veces, el silencio no se impone con censura, sino con cheques.

Alcalde de San Germán le falla a su palabra de compartir la escuela Amina Tió de Malaret con la comunidad

SAN GERMÁN: Tras un año de reuniones, negociaciones, enmiendas a contratos y mucha esperanza, la organización comunitaria Brigada Solidaria del Oeste (BSO) denunció el martes que el alcalde de San Germán, Virgilio Olivera Olivera, decidió no cumplir con su promesa de proveer un espacio dentro de la escuela abandonada Amina Tió de Malaret a la organización y la comunidad de Villa Interamericana.

Esto, tras el alcalde haberse comprometido públicamente a firmar el acuerdo con la organización y la comunidad, durante un segmento del programa Los Datos son los Datos de Jay Fonseca en julio del año pasado.

Los portavoces de la organización temen que el revés del alcalde sea en represalias por su participación en la coalición de organizaciones que luchan contra el establecimiento del megaproyecto de lujo conocido “Esencia”, propuesto para Cabo Rojo.

“Nos parece mucha casualidad que, tras haber coincidido con el alcalde el pasado 6 de marzo en las vistas públicas para expresar nuestra oposición ante tan cuestionable proyecto, se nos haya cancelado la reunión del 11 de marzo, día en que se había acordado firmar el contrato que llevamos negociando desde noviembre. Podría parecerle caprichosa nuestra participación en ese proceso comunitario, pero como él mismo reconoció, Cabo Rojo es importante para toda nuestra región y más para nosotras porque que llevamos más de 30 años en Boquerón viviendo y resistiendo el desplazamiento”, comentó Sandra Pagán Gallardo, quien reside en Cabo Rojo y es una de las portavoces de la organización.

La BSO trabajó arduamente con las comunidades San Germán a raíz del huracán Fiona en 2022, cuando estableció un comedor social desde el cual se repartieron cientos de almuerzos y compras solidarias, estableció clínicas de salud y ofreció talleres educativos intergeneracionales.

Tras triplicarse repentinamente el alquiler del local donde operaban, acudieron a la alcaldía en búsqueda de un espacio para poder continuar su labor. La BSO identificó el espacio escuela Amina Tió de Malaret, en la comunidad Villa Interamericana, la cual fue cerrada en mayo del 2018 y desde entonces permanecía abandonada por el estado y el municipio.

La BSO, comenzó el rescate comunitario tras realizar varias visitas a la comunidad para conocer el insumo de vecinos quienes en el verano del 2023 expresaron serias preocupaciones sobre la amenaza a la salud y la seguridad que les representaba el espacio abandonado.

Desde su limpieza y el inicio de su rehabilitación, en el espacio se han brindado talleres, conciertos, almuerzos, siembras, se han repartido suministros y cientos de compras solidarias a personas que viven inseguridad alimentaria. La BSO planificaba crear un espacio educativo y cultural de apoyo mutuo que, a su vez, pudiera fungir de oasis en tiempo de crisis climática. Para ello, la organización ya cuenta con fondos asignados y acuerdos colaborativos en diálogo con organizaciones y universidades que desean aprender de la autogestión comunitaria, mientras hacen trabajos de servicio a modo de laboratorio de aprendizaje mutuo.

Tras el incumplimiento de la palabra del alcalde Olivera, la BSO convoca a la Comunidad a una reunión el jueves 27 de marzo a las 3:00 de la tarde, frente a la escuela Amina Tió de Malaret, para trazar en conjunto los pasos a seguir. Y ofrece compartir con la prensa interesada a partir de las 4:00 p.m., una línea de tiempo de las gestiones realizadas.