Por Marimer Lanza González-Rodiles
Ayer el pueblo de Puerto Rico tuvo frente a sus ojos a plena luz del día como aprobaron la confirmación del nombramiento para juez a Samuel Acosta, unos de los creadores de la famosa orden divina en la cual pretende legalizar lo ilegal.
Ya no hacen las cosas como ladrones en la noche…. Ahora con su arrogancia, prepotencia y autoritarismo lo hacen sin ningún reparo y sin ningún tipo de cargo de conciencia en avalar un acto claro de corrupción.
Ayer fue un día para la isla en el cual quedará marcado en la historia de nuestra isla. Un día en el cual premian a una persona por su fidelidad y lealtad a sus líderes.
Líderes que nos han demostrado su poder totalitario y selectivo.
Líderes que se aprovechan de su poder para poder ejercer a su gusto y gana de como mover las fichas a su favor para poder conseguir todo lo que quieren.
Líderes que su prioridad siempre ha sido para su beneficio personal y en vez de que sea un beneficio para el pueblo.
Líderes que no se postulan para servirles al pueblo, si no para repartirse lo que le corresponde al pueblo.
Líderes que buscan una mejor calidad de vida, y no por su labor, si no de la manera más fácil en la que pueden generar dinero, lujos y buena vida….
Entonces se atreven a seguir con la frase trillada de que aquí no somos como Cuba y Venezuela.
¿Pero qué nos diferencia de ellos?
Para los cortos de memoria, aquí el que proteste en contra de las medidas y abusos de este sistema los persiguen, les dañan la reputación y hasta los indisponen.
Un sistema que utiliza a la policía para que les sirva de escudos, y hasta agreden los manifestantes… los utilizan para hacer el frente que estos no se atreven hacer, porque son unos cobardes. Y utilizan a estos servidores como marionetas para lograr sus objetivos.
Servidores que los tienen igual de oprimidos que al pueblo, que se burlan de ellos, no les aumentan el sueldo y no les aseguran un retiro digno.
Cada vez que los necesitan, ahí es que tocan el tema de que los van a ayudar para que estos se enfrenten al pueblo. Y cuando el sistema logra su cometido también se olvidan de ellos, hasta la próxima ocasión que los necesiten.
¿En qué más ya nos parecemos a Cuba y Venezuela? Pues fácil, de la misma manera que en aquellos dos lugares sus líderes se han robado todo y han dejado al pueblo atrás…
Que ellos son los que tienen los privilegios y la buena vida a costa del sufrimiento de un pueblo que sigue tratando de tener la esperanza que algún día llegue un líder que se acuerde de ellos.
Un pueblo que grita por servicios de salud, por una buena educación, por una buena estabilidad social.
Un pueblo que sufre por no poder pagar los servicios básicos que todos necesitamos para poder vivir.
Un pueblo que sufre cada vez que uno de los suyos se tiene que ir lejos para poder echar pa’ lante para poder superarse y vivir un poco más cómodo.
Somos un pueblo sufrido, un pueblo maltratado, un pueblo que tiene todavía la esperanza de que todo va a cambiar.
Somos un pueblo que ciegamente, que estamos depositando todas nuestras esperanzas de que algún día llegue este líder que nos mire y nos tome en cuenta…
Yo como algunos siento que está todo perdido, que estamos remando contra la corriente.
Estamos todos navegando en un mar de turbulencias y que cada vez recibimos un marullo que nos aplasta.
Pero el que me sienta así en ciertas ocasiones, no me puedo permitir caer y mucho menos claudicar mis valores y mis principios y mucho menos perder el amor a mi gente y a mi patria.
Por ahí dicen que no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista… Y ya nosotros hemos sabido unirnos y nos hemos levantado. Ya esto no es cuestión de tiempo, es cuestión de actuar. De tener el valor… De sacarnos el miedo que nos atormenta.



























