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Alcalde firma Nuevo Código de Orden Público de Mayagüez tras aprobación unánime

MAYAGÜEZ: Como parte de las iniciativas dirigidas al fortalecimiento de la seguridad, la convivencia ciudadana y el desarrollo ordenado de la ciudad, el alcalde Jorge L. Ramos Ruiz firmó el Nuevo Código de Orden Público luego de su aprobación unánime por la Legislatura Municipal.

La medida contó con el respaldo del cuerpo legislativo municipal, reflejando un amplio consenso en torno a la importancia de esta iniciativa para el bienestar colectivo.

“El Nuevo Código de Orden Público representa un compromiso cumplido con nuestro pueblo. Es una herramienta moderna que atiende los retos actuales de la ciudad y nos permite continuar construyendo un Mayagüez más seguro, organizado y con mejor calidad de vida para todos”, expresó el alcalde Ramos Ruiz tras su firma en las nuevas facilidades de la Oficina de Desarrollo Turístico en el casco urbano de la ciudad.

El Código moderniza las disposiciones existentes y establece nuevas normas aplicables a toda la jurisdicción municipal, incluyendo la prohibición de ruidos innecesarios, así como la consolidación de las multas establecidas en la Ley 22-2000, conocida como la Ley de Vehículos y Tránsito de Puerto Rico, y en el Código de Legislación Penal Municipal.

A su vez, incorpora cambios significativos dirigidos a atender realidades específicas dentro del centro urbano tradicional. En particular, se establecen requisitos adicionales para aquellos comercios cuyo negocio principal sea el expendio de bebidas alcohólicas dentro de dicha zona.

Entre estos requisitos se dispone de manera compulsoria la instalación de sistemas de cámaras de seguridad con resguardo de grabaciones por un mínimo de 30 días, la utilización de detectores de metales —ya sean fijos o manuales—, la contratación de al menos un guardia de seguridad durante los días de mayor actividad (de jueves a domingo), así como la obligación de someter un plan de seguridad como requisito para la renovación de sus patentes municipales.

El incumplimiento de una o más de estas disposiciones conllevará la imposición de sanciones administrativas significativas.

El alcalde destacó además el trabajo del comité que participó en la elaboración del proyecto, compuesto por profesores universitarios, líderes comunitarios, estudiantes universitarios, comerciantes, funcionarios municipales, incluyendo al comisionado de la Policía Municipal y representantes de diversos sectores.

“Este Código no busca penalizar, sino promover la convivencia, el respeto y la colaboración entre ciudadanos, comercios y gobierno. Es una herramienta para el presente y el futuro de nuestra ciudad”, añadió.

[COLUMNA] ¿Fe o apariencia? Lo que realmente define a un buen cristiano hoy

En tiempos donde la fe muchas veces se exhibe más de lo que se practica, surge una pregunta incómoda pero necesaria: ¿qué significa realmente ser un buen cristiano hoy?

Vivimos en una era donde la religión ha encontrado nuevos púlpitos —las redes sociales, la política, los discursos públicos— y donde declararse creyente parece, en ocasiones, más importante que vivir como tal. Se cita la Biblia, se invoca el nombre de Dios, se proclaman valores… pero cuando miramos la conducta, la coherencia muchas veces se diluye.

Porque el cristianismo, en su esencia, no es una identidad cultural ni una etiqueta ideológica. Es una práctica. Es conducta. Es decisión diaria.

Jesucristo no definió a sus seguidores por lo que decían, sino por lo que hacían. No preguntó cuántas veces alguien oraba en público, sino cómo trataba al pobre, al enfermo, al marginado. No midió la fe por palabras, sino por acciones. Y ahí es donde comienza el problema contemporáneo: hemos aprendido a proyectar fe sin necesariamente vivirla.

Hoy vemos líderes que hablan de valores cristianos mientras promueven división. Personas que se identifican como creyentes, pero carecen de empatía hacia el prójimo. Discursos cargados de moral religiosa que no siempre se traducen en justicia, compasión o humildad. Y entonces, la fe se convierte en apariencia.

Ser un buen cristiano no es proclamarse como tal. Es perdonar cuando es más fácil odiar. Es ayudar sin esperar reconocimiento. Es actuar con integridad incluso cuando nadie está mirando. Es defender la dignidad humana, no solo cuando es conveniente, sino siempre.

También implica reconocer las propias fallas. El cristianismo no exige perfección, pero sí exige honestidad. No se trata de no equivocarse, sino de no justificar el error ni convertirlo en norma. La fe verdadera incomoda, porque obliga a examinarse constantemente.

En Puerto Rico —y en muchas otras sociedades— la religión sigue siendo un elemento central de identidad. Pero esa centralidad pierde valor cuando se reduce a rituales, consignas o símbolos. Una cruz en el cuello no sustituye la justicia en los actos. Una oración pública no reemplaza la compasión real.

La pregunta entonces no es quién dice ser cristiano, sino quién vive como tal.

Quizás el mayor reto de nuestro tiempo no es defender la fe, sino rescatar su autenticidad. Volver a lo esencial. Entender que el cristianismo no se demuestra en el volumen de las palabras, sino en la profundidad de las acciones.

Porque al final, la diferencia entre fe y apariencia es simple:

LA APARIENCIA SE VE… LA FE SE VIVE…