Carjacking esta madrugada en el estacionamiento del Mayagüez Mall

MAYAGÜEZ: Un carjacking fue reportado a las 2:45 de la madrugada de hoy en el estacionamiento del centro comercial Mayagüez Mall.

 Mientras el perjudicado estaba estacionado comiendo, dos individuos enmascarados y armados, que viajaban a bordo de un vehículo marrón lo despojaron de su guagua Ford Explorer, blanca, de 2013, tablilla IBK-433.

Dentro de la guagua había pertenecías del querellante, un teléfono celular, dos laptops y dinero en efectivo.

Los asaltantes huyeron con rumbo desconocido. El perjudicado salió ileso.

El inspector Joel González, del CIC de Mayagüez, y el agente Milton Ramírez, de Vehículos Hurtados, fueron informados.

Denuncian a esta mujer por fraude, apropiación ilegal y robo de identidad en Cabo Rojo

CABO ROJO: Nueve cargos por los delitos uso fraudulento de tarjetas de crédito, robo de identidad y apropiación ilegal fueron sometidos en el Tribunal de Mayagüez contra una mujer identificada como Gusmary H. Blanco Mersie, de 44 años, residente en el Club Deportivo del Oeste, en Cabo Rojo.  

El agente Luis Maldonado Collado y el sargento Miguel Martínez, del CIC de Mayagüez, consultaron con la fiscal Yanitza Negrón, que culminó con la radicaron de las denuncias contra la fémina.

A Blanco Mersie se le imputa que el pasado 30 de marzo, usó una tarjeta de crédito que no le pertenecía para realizar pagos en diferentes comercios sin la autorización de la persona a la que le pertenecía la tarjeta, cometiendo el delito de fraude.  

El juez Luis F. Padilla Galiano halló causa probable para arresto en los nueve cargos sometidos, imponiendo una fianza de $3 mil, que la imputada prestó a través de un fiador privado, quedando en libertad.

La vista preliminar será el próximo lunes. 29 de diciembre, a las 9:00 de la mañana.

[La opinión de LA CALLE Digital] El azul que no es solo azul: La bandera de Puerto Rico

Por décadas se ha intentado reducir la discusión sobre la bandera de Puerto Rico a un asunto meramente estético: si el azul del triángulo debe ser claro o marino. Pero quien afirme eso, o desconoce la historia, o decide ignorarla. En Puerto Rico, los símbolos nunca han sido inocentes, y la bandera —nuestro principal emblema nacional— es prueba viva de ello.

La bandera puertorriqueña no nace del capricho ni de un comité gubernamental. Nace hace 130 años, en 1895, en el exilio, concebida por independentistas puertorriqueños en Nueva York, como un acto de afirmación nacional frente al colonialismo español. Fue diseñada deliberadamente como una hermana de la bandera cubana, invirtiendo los colores para subrayar una causa común: la libertad de las Antillas.

Ese diseño original incluía un azul claro, similar al cielo caribeño y al de la bandera cubana mambisa. No era casual. El triángulo azul representaba los ideales de libertad, igualdad y fraternidad, y el color evocaba esperanza, futuro y emancipación. Así ondeó en la clandestinidad, así se conservó en la memoria histórica, y así fue reconocida por generaciones que veían en ella un símbolo de resistencia.

Todo cambia tras 1898. Con la invasión estadounidense, la bandera fue prohibida, criminalizada, perseguida. Portarla podía llevar a la cárcel. No fue hasta 1952, con el establecimiento del Estado Libre Asociado, que se legaliza su uso. Y es precisamente ahí donde comienza el silencio incómodo: nunca se legisló el tono exacto del azul.

Ese vacío no es menor. En la práctica, el azul comenzó a oscurecerse. El azul marino, más cercano al de la bandera de Estados Unidos, se impuso en edificios oficiales, escuelas y actos de gobierno. No por mandato legal, sino por inercia política y simbólica. El resultado fue una bandera que, sin cambiar su diseño, sí alteró su mensaje.

Aquí es donde el debate deja de ser cromático y se vuelve político.

El azul claro remite al proyecto inconcluso de nación, a la bandera concebida antes del dominio estadounidense, al ideal de soberanía. El azul marino, en cambio, coincide con el periodo de institucionalización del coloniaje moderno, con la subordinación política y con un Estado que administra, pero no decide plenamente su destino.

Decir que “ambos azules son válidos” puede ser legalmente correcto, pero históricamente incompleto. No todas las versiones cuentan la misma historia. No todas representan la misma aspiración. Y no todas incomodan al poder de igual forma.

Por eso no sorprende que el azul claro sea hoy reivindicado por sectores independentistas, académicos e historiadores, mientras el azul marino siga dominando la iconografía oficial. La disputa por el color es, en el fondo, una disputa por el relato: ¿somos una nación con una historia propia o un territorio con símbolos administrados?

Las banderas no solo se izan; se interpretan. Y cada vez que ondea una bandera de Puerto Rico con azul marino sin cuestionamiento alguno, se normaliza una versión descafeinada de nuestra historia. Cada vez que se rescata el azul claro, se revive una memoria que nunca fue derrotada, solo silenciada.

El azul de nuestra bandera no es un detalle. Es una declaración. Y mientras Puerto Rico siga sin resolver su condición política, el triángulo seguirá siendo escenario de una lucha que no ha terminado.

Acusan por supuesto “maltrato” a septuagenario contra su madre de 93 años

LAJAS: Cargos por maltrato a una persona de edad avanzada fueron sometidos contra Domingo Lugo Ortiz, de 71 años, residente en Lajas, al que se le imputa que este pasado 6 de diciembre, presuntamente con voz agresiva e insultándola con palabras soeces, quería obligar a su madre de 93 años a que fuera a un hospital por unas picadas de hormiga que la dama presentaba.

Se alega que los hechos ocurrieron en la residencia de la perjudicada de 93 años.

El agente José E. Pérez Rivera y el sargento Ariel Rodríguez Valentín, del cuartel de Lajas, consultaron con la fiscal Wandie Camacho Santiago, quien instruyó radicar las denuncias.

La juez Jessica Rodríguez Maldonado determinó causa probable para arresto, imponiendo una fianza de $30 mil, que Lugo Ortiz no presto, quedando sumariado en el Complejo Correccional Las Cucharas de Ponce.

La vista preliminar será el 30 de diciembre.

Cargos por fraude y apropiación ilegal en Sabana Grande

SABANA GRANDE: Denuncias por fraude y apropiación ilegal fueron sometidas contra Juan M. Carrillo Ríos, de 47 años, residente en el barrio Cerro Gordo de Vega Alta.   

Según la pesquisa del agente Mercado Arce, de la División de Robos, Extorsiones, Delitos contra la Propiedad, Agresiones y Personas Desaparecidas del CIC de Mayagüez, el pasado 8 de agosto el perjudicado le entregó al acusado la cantidad de $2,500 como pronto para la instalación de varias puertas y ventanas en su residencia localizada en Sabana Grande.

Sin embargo, tanto el perjudicado, como el agente Mercado Arce, hicieron varias gestiones para que el sujeto devolviera el dinero o completara el trabajo contratado; pero estas fueron infructuosas.

El fiscal Wilfredo Santiago Vega ordenó someter los cargos. El juez Luis F. Padilla Galiano encontró causa probable para arresto, imponiendo una fianza de $2 mil, que fue prestada a través de un fiador privado.

Lo acusan por actos lascivos contra una menor en Aguadilla

AGUADILLA: Agentes de la División de Delitos Sexuales y Maltrato de Menores de Aguadilla sometieron denuncias por actos lascivos contra Gabriel Cruz Cortés, alias “Gaby”, de 45 años, vecino de esta ciudad del noroeste.

Los hechos que se le imputan ocurrieron en 2024, cuando según las autoridades, Cruz Cortés cometió los actos en contra una adolescente de 17 años.

El agente Luis Arce Tirado consultó con la fiscal Dayana Dumeng, quien instruyó la radicación de cargos por violaciones al artículo 133 de (Actos lascivos) del Código Penal de Puerto Rico.

El juez Orlando Avilés Santiago halló causa probable para arresto, imponiendo una fianza de $15 mil, que el sujeto prestó, quedando en libertad hasta la vista preliminar.

[La OPINIÓN de LA CALLE Digital] Sin información no hay pueblo soberano

Cuando se habla de acceso a la información pública, con frecuencia se presenta el tema como una preocupación exclusiva de periodistas, abogados o académicos. Ese enfoque es cómodo para el poder, pero profundamente engañoso. La verdad es más simple y grave: toda restricción al acceso a la información pública es una restricción directa al derecho del pueblo a fiscalizar su propio gobierno.

La reciente firma de las enmiendas a la llamada Ley de Transparencia por la gobernadora Jenniffer González Colón no debe analizarse únicamente como un revés para el periodismo investigativo, sino como un golpe a la capacidad del ciudadano común de saber cómo se toman las decisiones, cómo se gasta el dinero público y quién responde por los errores del Estado.

La información no es un privilegio, es un derecho

En una democracia funcional, la información pública pertenece al pueblo. El gobierno no la concede; la administra en nombre de la ciudadanía. Por eso, cualquier ley que alargue plazos, multiplique requisitos burocráticos o amplíe la discreción de las agencias para negar datos no es un mero ajuste administrativo: es una redefinición peligrosa del balance de poder entre gobernantes y gobernados.

Las nuevas disposiciones permiten que una agencia tarde meses en responder una solicitud. Autorizan extensiones amplias. Eliminan la obligación de entregar datos en formatos útiles. Y, quizá lo más preocupante, otorgan mayor margen para clasificar información como confidencial sin una revisión judicial inmediata.

Traducido al lenguaje cotidiano: el ciudadano que quiera saber cómo se otorgó un contrato, cómo se usaron fondos públicos, por qué se tomó una decisión administrativa o quién falló en su deber, tendrá que esperar más, insistir más y, muchas veces, resignarse.

El impacto real: silencio por agotamiento

Estas leyes no suelen cerrar puertas de golpe. Funcionan por desgaste. El ciudadano promedio no tiene los recursos, el tiempo ni el respaldo legal para insistir durante meses. La consecuencia práctica es el abandono del reclamo.

No se trata solo de investigaciones periodísticas complejas. Se trata del residente que quiere saber por qué su comunidad no recibe servicios. Del padre que pregunta por el uso de fondos en una escuela pública. Del paciente que intenta entender decisiones en el sistema de salud. De comunidades que buscan información ambiental, presupuestaria o contractual.

Cuando el acceso a la información se vuelve lento, confuso y frustrante, la participación ciudadana se debilita. Y cuando la ciudadanía deja de preguntar, el poder deja de rendir cuentas.

Transparencia que no ilumina

Resulta irónico que una ley que lleva el nombre de “transparencia” termine oscureciendo el proceso democrático. El argumento oficial de que estas enmiendas “organizan” o “hacen más manejable” el sistema ignora un principio básico: la eficiencia administrativa nunca debe prevalecer sobre el derecho del pueblo a saber.

Un gobierno verdaderamente comprometido con la transparencia invierte en sistemas, personal y procesos para responder rápido y bien. No responde al reto ampliando plazos ni creando obstáculos adicionales. Mucho menos concentrando poder discrecional en las mismas agencias que deben ser fiscalizadas.

El peligro democrático

La historia, en Puerto Rico y en toda América Latina, demuestra que el deterioro democrático rara vez comienza con censura abierta. Empieza con retrasos, con tecnicismos, con clasificaciones amplias, con cansancio ciudadano. Empieza cuando el acceso a la información deja de ser un derecho práctico y se convierte en una carrera de obstáculos.

Hoy no estamos ante un Estado que prohíbe preguntar. Estamos ante uno que hace que preguntar sea cada vez menos efectivo. Y esa diferencia, aunque sutil, es igual de peligrosa.

Una democracia sin información es una democracia vacía

El acceso a la información pública no es un favor al periodismo ni una concesión del gobierno. Es el mecanismo mediante el cual el pueblo ejerce soberanía. Sin información oportuna, útil y completa, el voto se vacía de contenido, la fiscalización se debilita y la corrupción encuentra terreno fértil.

Defender el acceso a la información no es defender a los periodistas. Es defender al ciudadano. Es defender el derecho a saber. Y, en última instancia, es defender la democracia misma.

[EDITORIAL] Pauta, poder y silencio: cuando el dinero habla más fuerte que la censura

En Puerto Rico no hace falta cerrar periódicos ni apagar transmisores para influir sobre la prensa. Basta con algo más sutil, menos visible y mucho más efectivo en tiempos de crisis económica: el control del oxígeno financiero. La pauta gubernamental —el dinero que el Estado invierte en publicidad— se ha convertido en uno de los mecanismos de presión indirecta más poderosos sobre los medios de comunicación, no solo en la Isla, sino en toda América Latina.

El debate resurge ahora con los rumores sobre la posible cancelación del programa Cuarto Poder, del analista y abogado Jay Fonseca. Aunque no existe evidencia pública de que el gobierno haya ordenado su salida del aire, el solo hecho de que la discusión cobre fuerza revela algo más profundo y preocupante: la fragilidad del periodismo crítico en un ecosistema mediático económicamente vulnerable.

Influencia sin órdenes

Puerto Rico no vive una censura autoritaria al estilo venezolano, donde el Estado cierra medios, revoca licencias o persigue periodistas. Tampoco ha institucionalizado el uso de la pauta como castigo sistemático, como ocurrió durante décadas en México o Argentina. Sin embargo, la Isla sí comparte un rasgo común con muchos países latinoamericanos: la ausencia de reglas claras, transparentes y fiscalizables para la distribución de la publicidad gubernamental.

Cuando el gobierno es uno de los principales anunciantes en un mercado pequeño y debilitado, el mensaje implícito se entiende sin necesidad de llamadas incómodas ni amenazas explícitas: quien incomoda demasiado, arriesga ingresos. Y en medios que ya operan con márgenes mínimos, ese riesgo pesa.

Este tipo de influencia no deja huellas documentales. No hay memorandos, ni órdenes ejecutivas, ni censores oficiales. Lo que hay es autocensura, cautela editorial y decisiones corporativas justificadas bajo el lenguaje neutro de la “viabilidad económica”.

El caso Cuarto Poder: símbolo

Conviene ser responsables: hasta hoy, no hay evidencia verificable de que Cuarto Poder haya sido cancelado por presión gubernamental. El propio Jay Fonseca ha señalado que el futuro del programa responde a negociaciones contractuales y a la dura realidad del mercado publicitario. Pero el hecho de que amplios sectores asuman inmediatamente una posible intervención política dice mucho del clima de desconfianza existente.

Y esa desconfianza no surge de la nada. Se alimenta de un contexto donde el acceso a la información pública se ha vuelto más lento y restringido, donde nuevas leyes extienden plazos y amplían excepciones, y donde el periodismo investigativo enfrenta obstáculos cada vez mayores para fiscalizar al poder.

Lecciones desde América Latina

La experiencia regional es clara. En México, la pauta fue usada durante años como premio y castigo. En Argentina, como herramienta de polarización. En Venezuela, como antesala del control total. En contraste, países como Chile han demostrado que reglas técnicas, criterios objetivos y transparencia en la publicidad estatal reducen significativamente la interferencia política en los medios.

Puerto Rico aún está lejos de los extremos autoritarios, pero también lejos de los modelos institucionales que protegen la independencia editorial. La Isla se encuentra en una zona gris peligrosa: donde no hay censura directa, pero sí incentivos para el silencio.

El verdadero riesgo

El mayor peligro no es que un programa salga del aire. Es que, poco a poco, el periodismo crítico se vuelva insostenible. Que investigar sea un lujo. Que fiscalizar sea un riesgo financiero. Que incomodar al poder deje de ser una función normal de la prensa y se convierta en una apuesta temeraria.

Cuando el dinero público se convierte en herramienta de influencia, la libertad de prensa no muere de golpe. Se debilita lentamente. Y cuando finalmente se nota su ausencia, ya es tarde para recuperarla.

Puerto Rico todavía tiene tiempo de aprender de la región. Pero para hacerlo, primero debe atreverse a mirar de frente una verdad incómoda: a veces, el silencio no se impone con censura, sino con cheques.

Doble asesinato en el negocio “Si Dios quiere” en Moca

MOCA: Las autoridades dieron cuenta de un doble asesinato, reportado a las 6:00 de la tarde del viernes en el barrio Naranjo de Moca.

Según datos suministrados por el inspector Eduardo Rivera González, director del Cuerpo de Investigaciones Criminales (CIC) de Aguadilla, un hombre de 43 años, no identificado, murió como resultado de varios disparos; mientras que Miguel Vélez Lazú, de 65 años, también fue herido y falleció mientras recibía asistencia médica en un hospital de Mayagüez.

El narrativo policial especificó que el crimen ocurrió dentro del negocio “Si Dios quiere”, localizado en la carretera 4403, interior, kilómetro 3.5, en el barrio Naranjo de Moca. 

En la escena se encontró en el piso el cadáver del hombre 43 años, al lado de una mesa de billar, mientras que el sexagenario Vélez Lazú recibió los primeros auxilios por parte de los paramédicos y posteriormente llevado al hospital.

Por el momento no se ha revelado detalles adicionales sobre la pesquisa.

Mujer es víctima de carjacking en San Sebastián

SAN SEBASTIÁN: Una fémina fue víctima de un carjacking, reportado a las 9:50 de la noche del jueves, en el kilómetro 0.2 de la carretera PR-448, en el barrio Eneas de San Sebastián.

Según la perjudicada, mientras estaba estacionada a orillas de la carretera, se le acercaron varios individuos, uno de ellos portando un arma larga, que mediante amenaza la despojaron de su carro Kía Río de 2018.

Los ladrones huyeron en el carro robado.

Sin embargo, el vehículo fue recuperado posteriormente en la carretera PR-455 del barrio Cibao del Pepino, donde fue abandonado por los asaltantes.

El agente Edgar Pitre, del cuartel de San Sebastián, investigó preliminarmente y refirió el caso a la División de Robos del Cuerpo de Investigaciones Criminales (CIC) de Aguadilla.